Domingo, ocho y media de la tarde, después de hacer todas las tareas domésticas habidas y por haber, me siento frente a mi ordenador (Pipo, para quien no tenga el gusto) y me dispongo a hacer un juicio de mi fin de semana.
Lo primero es que ha sido totalmente inesperado, tanto por la forma como por el resultado. Una vez más, por lo tanto, constato que la realidad siempre nos tiene preparado algo más grande de lo que podemos imaginar. Tras no poder irme a Santander con mi compañero de fatigas, el gran Chus, por caer enfermo, y tras una pronta recuperación, pude ir a Guadalupe con unos cuantos amigos de peregrinación. Nada atractivo en los tiempos que corren, ni siquiera para mí lo sería si no tuviera ya la experiencia de que cada cosa que estos amigos me proponen es un bien.
El camino tampoco tiene nada de edenista, la mayor parte es por asfalto, donde los pies alcanzan la incandescencia con suma rapidez.
Entonces, ¿qué tiene de particular? Sin caer en la emotivivad ni en el sentimentalismo, ni tampoco en el misticismo, lo que tiene de particular es cómo corresponde hacer ese camino, cómo me ha educado estos dos días. Y corresponde conmigo porque mi corazón vibra, se llena de verdad...el corazón no engaña, no lo hace jamás, es como el algodón del mayordomo de Tenn. Y mi corazón este fin de semana ha vuelto a latir con una fuerza como hace tiempo que no hacía, redoblaba (y redobla) al ritmo de un son que deseaba volver a escuchar.
La posibilidad de hacer durante el camino un tiempo de silencio, un silencio que es un diálogo con mi corazón, me ha mostrado varias cosas que tenía permanecían ocultas en algún rincón del mismo. Sobre todo he vuelto a ver la necesidad que tengo de no caminar solo en la vida, en el sentido de no someter todos mis pasos y decisiones a mi parecer que, todo sea dicho, es más que limitado. Esto lo he podido ver tanto en alguna conversación de esas en las que quedas completamente desnudo delante del otro, como en la marcha en sí: si fuera por mí, habría parado a descansar y fumar una frecuencia mucho mayor de la que me proponía el que iba delante...es curioso...un camino, una peregrinación, paradigma de la vida...
No sólo por esto ha sido tan importante, también el reencuentro con personas importantes, importantísimas, a las que no has sido capaz de tratar como merecen, de querer como merecen, pero siguen siendo uno contigo, porque nuestra unidad no la hemos construido nosotros...nunca...desde el principio jamás fue iniciativa nuestra...sino de Otro...
Así merece la pena caminar, a pesar de la adversidad, de la tierra que levanta el que tienes delante, de la insolación, de la sed, del dolor de piernas...extrapolemos al camino de nuestra vida: el compañero que no soportas, el jefe que te explota, el estrés, la rutina...¿acaso no queremos poder caminar y avanzar, sin caer en el conformismo, en la resignación y en la desidia, hasta el punto de ir arrastrándonos?
Yo sí, y sé que es posible. Lo he vuelto a ver este fin de semana. Si tú lo quieres, ¿estás dispuesto a venirte conmigo?
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2 comentarios:
Qué gran aportación a la sociedad que tengas un blog...
No me gusta el conformismo, y me gusta cómo reflejas el no caer en el, en fin qué voy a decir!
Pero ya te lo contaré que no puedo escribir nada comparable a lo que tu escribes, ya sabes, de acuerdo contigo.
Ani, puedes escribir todo y más.
Joni -parecemos de instituto yanki, joni, ani, chuchi, puchi...-, muy bueno el texto, xo igual poco evidente para algunas personas. Solo hay una referencia directa a el asunto al realmente te refieres, "Otro", je. Apoyo totalmente las peregrinaciones, la última fue...elcamino de Santiago. O a Colonia, no me acuerdo. Y, desde luego, que te cambian bastante. Ya has visto que mujer de agradable apariencia no ha desaparecido (je).
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